WENDIGO 1: JAE. LA COLONIA DEL NORTE

capítulo uno

Los fuertes brazos de Jae Castinus mostraban el esfuerzo que realizaba marcando sus venas y destacando sus bíceps mientras un río de transpiración bajaba por su rostro mojando su espalda y su pecho. Había luchado las últimas tres horas con el gigantesco tronco del árbol que daba sombra a una de las ventanas de su casa. Debía sacarlo y reponerlo por otro con una raíz menos dañina. La empecinada raíz había comenzado a levantar su casa hacía unos quince años y desde entonces había esquivado la decisión de cortarlo hasta que ya le fue imposible: era el árbol o su casa y prefirió su casa. Había vivido en ella desde que arribaron, hacían ya setecientos años, su casa era su refugio, el único lugar donde podía estar egoístamente solo y sin preocuparse por nadie.

Jae Castinus sobrellevaba un gran peso sobre sus espaldas: era el líder de una de las cuatro últimas colonias de Wendigo que habían sobrevivido a su larga lucha contra los Waid y su señor Lord Alhum.

Como líder, toda decisión pasaba por él. Toda, incluyendo la vida y la muerte.

Cuando llegaron al bosque que los acogía había cumplidos los treinta y desde entonces mantenía el mismo aspecto. Otro de los muchos dones… o males de los Wendigo: el retraso en el envejecimiento. Si no fuera Wendigo puro o estuviera fuera de Wikito, probablemente mostraría la edad que tenía: 830 años. Imaginarlo lo hizo sonreír. Polvo eres, sólo polvo se dijo a sí mismo.

Dentro de la colonia nadie parecía haber envejecido desde que llegaron. Su cuerpo de metro noventa y dos seguía siendo tan fuerte y duro como el mismo día en que por fin habían logrado encontrar el lugar especial al que luego llamarían Wikito.

Jae Castinus había viajado con su gente casi una centena de años buscando un lugar donde asentarse. Las visiones de Jogha lo habían guiado hasta ahí. Diez mujeres y veinte hombres huyendo de la destrucción o la esclavitud. Habían sido elegidos para preservar la raza y salvarse de los Waid. Durante esos largos años habían huido, escondiéndose de todos, buscando el lugar perfecto; el lugar donde las energías de la naturaleza los protegería en contra la maldad de los Waid y sus hombres. Jogha los fue guiando con sus visiones y cuando ya creían haber perdido las esperanzas de encotrarlo traspasaron un río para hallar un denso bosque. Ese día terminó su largo peregrinaje y supieron que habían encontrado su hogar.

Desde entonces, la vida se había ido desarrollando en una rutina llena de tareas. No fue fácil iniciar la colonia. La mayoría había dejado atrás a su familia; el dolor y la incertidumbre habían reinado durante demasiados decenios y con el tiempo se habían ido acomodando sus vidas.al AAaa S Algunos niños habían nacido, no muchos, tan sólo tres, pero considerando la extrema longevidad de los Wendigo, tenían siglos de espera antes de empezar a preocuparse. Esos niños representaban el próximo futuro y la aceptación definitiva de su nueva vida.

Cuando casi sin aire logró arrancar de la madre tierra la profunda raíz pudo escuchar la profunda y calmada voz de Jogha Silverwulff

—¿Necesitas ayuda?

Jae lanzó un gruñido —¿Cuánto hace que estás ahí?

—Unos diez minutos, pero puedo jurar que has hecho un muy buen trabajo.

—Gracias, amigo —recalcó la expresión y le sonrió- . Pero podrías haberme dado una mano.

_ ¿Para qué? Lo has hecho maravillosamente bien… solo.

Jogha se le acercó con una botella de agua fría y se la pasó. Jae bebió casi hasta la mitad y la otra se la tiró encima.

Ambos eran muy parecidos, de largos cabellos negros y lacios, narices aguileñas, y ojos alargados y oscuros. Sus rasgos indicaban que habían tenido antepasados comunes con la pura estirpe del indio americano.Pero las semejanzas entre Jae y Jogha sólo quedaban en lo físico. Sus caracteres eran muy diferentes y sin embargo sabían trabajar y funcionar juntos, con Marcus, como una unidad.

Jae tenía como toda vez que hacía algo físico, su largo cabello atado, en tanto que Jogha casi nunca se lo ataba. Allí donde Jae disfrutaba del trabajo  físico Jogha era más introvertido, más espiritual.

Jogha miró al hombre que era su líder. A pesar de que para los Wendigo, la edad de Jae lo ponía apenas entrando en el umbral de la adultez, hacía muchos cientos de años que había asumido y aceptado cuál era su lugar en esta Wikito que habían creado. Su rostro mostraba una cicatriz en la fuerte mandíbula que rompía la armonía de su bello rostro y una profunda arruga marcaba su entrecejo lo que le daba a su rostro un aspecto adusto y serio.

La cicactriz no era el único recuerdo de Castor Vengit, un Wendigo que no pudo regresar.

En la época de la fiebre del oro, cuando todos los desesperados de América lo buscaban en las montañas, Castor se había topado con uno de ellos; un humano impuro que vivía de cazar y comerciar pieles con el cual Marcus sabía relacionarse; el resultado del encuentro había sido un no retorno. Tocó por accidente al trampero en la desesperación de querer salvarlo de una muerte horrible. En el mismo segundo en que su mente se llenaba con todas las memorias del hombre, como si fuera una onda expansiva  esos recuerdos lo llenaron dolorosamente. Y el Wendigo surgió.

Nunca entendieron por qué había ocurrido, qué había llevado al Wendigo a salir afuera.

El conocimiento llegó en forma de visión, Jogha supo que los Waid habían encontrado la forma de contaminar a los humanos para volverlos tóxicos para los Wendigo. A partir de ese momento los encuentros con Humanos se hicieron a través de Marcus.

Ese día Castor había elevado su rostro y gritado. Su grito inhumano cubrió el denso bosque al mismo tiempo que de su cuerpo emergía, en el breve lapso de un segundo, un cuerpo gigantesco de forma humanoide, cubierto con una espesa piel blanca con profundos ojos negros, enormes fauces. Sus manos elevadas hacia el cielo acompañando su grito bajaron convertidas en profundas garras. El Wendigo sin nada humano, simplemente se agacho, levantó al cazador, le arrancó una pierna llenando de sangre el lugar y cortándolo en dos como si fuese una hoja de papel. Castor Vengit se había convertido en un Wendigo sin una conciencia humana que lo refrenara. Cuando descuartizó al hombre arremetió contra los suyos. Ese día Jae Castinus fue testigo de la muerte de dos de sus amigos. La profunda arruga que se marcaba en su entrecejo era una muestra visible de lo vivido ese día. Solo la extrema sensibilidad del Visionario sabía que la misma también estaba marcada a fuego en su corazón. Jae jamás se había perdonado no haber actuado con rapidez. Ese día aprendió muchas cosas.

Jae buscó los ojos de Jogha y le sonrió, todos en Wikito le debían la vida a sus visiones. Ellas oscurecián aún más sus insondable ojos, porque si algo destacaba en él era su extraño color: negros, pero tan oscuros que más parecían hondos pozos líquidos, profundos e infinitos. Ellos veían más allá de uno, mucho más allá. Y así era. Jogha era el Visionario, el único hombre en Witiko que poseía el poder de ver el futuro. Y eso daba a su mirada un color especial, inquietante. Él siempre sabía más de lo que decía o se permitía decir. Y la única persona que compartía su carga era Jae.

Jae no sólo era el líder de Witiko también juez, jurado y verdugo.  La orden de matar a Castor Vengit lo había cambiado para siempre. Si debes ordenar a matar a un amigo con el que has pasado tantas cosas durante  casi doscientos años, las cosas cambian definitivamente.

Demasiada carga para un joven, según los parámetros de los Wendigo. Pero no había nadie más que pudiera hacerlo. Era el mayor. Era su obligación, le gustara o no. Y la odiaba.

Cuando dejó de beber se acercó hacia donde estaba Jogha y se sentó con él bajo la sombra de un frondoso árbol.

Witiko se había construído en el centro de un espeso bosque ubicado en algún lugar de Dakota del Norte, muy cerca del Manitoba. Ese bosque y sus riquezas los sustentaban: agua, alimentos, animales, madera. Todo lo que necesitaran… para siempre.

—Es extraño verte por aquí —dijo Jae buscando los extraños ojos de Jogha.

—Tuve una visión —contestó Jogha, y su tono ya no fue juguetón o divertido como solía serlo.

Jae se quedó callado esperando que hablara, pero Jogha simplemente tomó su propia botella de agua fría y bebió un largo trago.

—Dímela Jogha. ¿Qué viste?

Las colonias Wendigo, desde que tenían memoria de sí mismo como un pueblo libre, habían sido gobernadas por tres hombres: el Líder, quien tomaba todas las decisiones; el Visionario, que orientaba al líder hacia la decisión correcta y el Proveedor, el único preparado física y mentalmente desde que era un niño para contactar a  humanos y Waid.

Así había sido desde los viejos tiempos, cuando Humanos, Wendigos y Waid convivían; ahora el Proveedor sólo se relacionaba con humanos, y sólo en casos muy especiales y poco frecuentes.

—Vamos, dilo —le ordenó Jae.

—Tendremos que abrir Wikito —dijo buscando los ojos de Jae.

—¡Qué!—gritó Jae poniéndose de pie—. ¿Qué dijiste?

—Ya me oíste. Debemos abrir Wikito.

—¿Por qué?

—Porque afuera hay una mujer herida, la vi en mis visiones. Afuera, _le recalcó_ tienes a una mujer herida  y si no la traemos morirá.

—Afuera mueren muchos humanos Jogha ya lo sabes. ¿Qué diferencia haría una más?

—Ella es importante para Wikito.

—¿Importante? ¿Por qué?

—No lo sé Jae, no lo sé… aún. Pero lo es. Debes salir y traerla.

—Le diré a Marcus…

—¡No…! Debes ir tú. Te vi a ti, trayéndola.

Los Visionarios Wendigo jamás se equivocaban, nunca. Y no era inteligente contradecir sus visiones. Si Jogha le pedía que fuera por ella con el riesgo que significaba, tenía que hacerlo.

—Jogha, sabes muy bien qué podría pasar si alguien capta mi energía fuera. Marcus puede disfrazarla. Él podría salir sin riesgo alguno para Witiko, lo ha hecho muchas veces.

—No sé la razón, Jae pero debes ir tú.

Jae paseó de un lado a otro sobre el suave y mullido suelo del bosque, y tiró la botella que se estrelló contra la pared de troncos de su cabaña en un acto de furia sin sentido. Salir era un riesgo enorme para Witiko, los Waid podrían percibir su energía y ubicarlos.

Y eso sería el fin.

De todos.

No es posible entender la historia de Wendigo sin comprender cómo habían llegado allí. En tiempos inmemoriales, Humanos, Wendigos y Waid convivian en el ancho mundo. Hasta que el nuevo Señor de los Waid, Lord Alhum, estableció una estrategia para dominar el mundo: primero decidió que los humanos no eran una especie igual sino menor. Mano esclava, sin valor alguno; su segundo reacomodamiento serían los Wendigo: acabando con ellos el mundo les pertenecerían.

Los Wendigo fueron pasivos testigos de los feroces ataques de los Waid hacia los humanos, sin siquiera sospechar los oscuros designios de Lord Alhum; hasta que Mortang Silverwulff , el abuelo de Jogha, tuvo una visión: a la destrucción del humano seguiría la del Wendigo a manos de los Waid. Cuando los Wendigo comprendieron que debían tomar partido comenzó una feroz guerra que casi los exterminó. Mientras los Waid y los Wendigo peleaban, los humanos se reproducían, crecían y avanzaban a nuevos estados de civilización.

Los Waid persiguieron a los Wendigo hasta su casi destrucción. Durante siglos la convivencia había dependido de sus gobernantes. No podrían haber dos pueblos más distintos: uno pacífico, el otro guerrero, uno codicioso, el otro desprendido. Y fue esa misma codicia la que desató la destrucción; en el mismo instante en que asumió Lord Alhum y conjuró sus planes de dominación.

El máximo jerarca Waid, Lord Alhum, comenzó su epopeya destructiva decidiendo no aceptar los tratados de convivencia pacífica firmados de mutuo acuerdo. ¿Por qué hacerlo? Los Waid podían convertir al humano Wendigo en un animal salvaje. Hacerlo era fácil. Antiguamente los Waid podían con una simple lobotomía hacer aflorar esos instintos atávicos que durante milenios habían tratado de dominar, destruyendo la doble naturaleza Wendigo: animal y humana. Los instintos agresivos exacerbados no dejaban lugar para nada más. Habían aprendido como quitar la parte humana a un Wendigo y convertirlo en una bestia fácil de dominar y matar. Ahora con la manipulación genética de los humanos el simple toque de un impuro decidía su destino y su suerte.

Los Wendigo amaban la paz pero más sus vidas. De pacíficos a guerreros. De pronto Lord Alhum tuvo ante sí un pueblo al que no le fue fácil conquistar.

Se dice que los líderes Wendigo eligieron a los pocos jóvenes que no tenían ni edad ni experiencia para actuar en la guerra y los mandaron hacia los cuatro puntos cardinales. Allí formarían una colonia hasta que la lucha contra los Waid terminara. Esa fue la única manera que encontraron los Visionarios de preservar su especie. Los jóvenes elegidos partieron y los mayores se quedaron a luchar.

Pasaron muchos años y nadie vino por ellos. Los Proveedores preparados para salir al exterior fueron en busca de sus ancestros y tiempo después regresaron a sus colonias con noticias: los Wendigo se habían convertido en tan sólo una leyenda que los humanos contaban de vez en cuando. Ninguno había sobrevivido. Los Waid habían ganado.

Pero no como pensaban.

Los Waid habían perdido tanto tiempo luchando contra los Wendigo, que ningún humano los recordaba. Ahora esos humanos cubrían el planeta y poseían ejércitos y gobiernos. Habían aprendido a defenderse. Las cosas habían cambiado.

Entonces empezó una nueva etapa que tuvo a los Waid ubicándose de pie, detrás de los humanos y en las sombras. Había sido fácil una vez que los Waid se organizaron y comenzaron a usar el poder robado a los Wendigo.

El poder de los Wendigo, lo que alguna vez fue una simple capacidad que favorecía el comercio con Humanos, ahora era un arma de poder: la facultad de que con un simple toque se pudiera  leer la mente de un humano.

Durante siglos este don de los Wendigos había sido tan sólo una manera de comerciar: Wendigos y Humanos se cercioraban así de la transparencia de sus contactos. Ahora, se había convertido en un poder que podía decidir el futuro.

Espionajes de todo tipo y escala se reducían a un simple toque y sus resultados movían enormes fortunas y poderosas influencias; con esa información robada a los humanos, los Waid fueron construyendo grandes imperios finacieros alrededor del mundo, organizando guerras, creando armas… creando sus menguados ejércitos. La humanidad, con la inestimable ayuda Waid, iba lentamente hacia su destrucción.

Al final los Waid sí serían vencedores.

Y así fue hasta que comprendieron cuán pocos Wendigo quedaban. Y los planes de los Waid se inmovilizaron. De pronto entendieron que necesitaban a los Wendigo para obtener sus poderes y ya no había muchos, ni siquiera suficientes; la furia de la Junta Directiva Waid se escuchó en todo el mundo

Corcam Dagnem, un Wendigo traidor, comprendió esto mucho antes que los Waid, y cuando ya los últimos Wendigo atrapados habían quedado reducidos a enormes bestías sedientas de sangre.

Los únicos Wendigo vivos eran los que se habían pasado al bando de Lord Alhum, su destino no sería muy diferente de los que había ayudado a atrapar.

Se presentó ante la  Junta Directiva, expuso sus temores: sin los Wendigo, nadie podría leer las mentes de los humanos, conocer sus secretos, sus debilidades, sus deseos más ocultos y el ascenso al poder de los Waid se vería frenado, por siempre; sus ideas: exterminando a los Wendigo, habían exterminado a su propia raza. Ahora era momento de errores, no matar al Wendigo, solo atraparlo. Y cmpletó con una propuesta que cambio su suerte: su vida, a cambio de información de vital importancia.

La Junta supo entonces que no todos los Wendigo habían muerto, algunos quedaban y no eran los traidores sino aquéllos que habían salido hacia los cuatro puntos cardinales.

Desde entonces, muchos fondos se habían destinado para acondicionar la perfecta cárcel que los mantendría con vida, por todo el tiempo que fuera. Todas esas decisiones se habían tomado luego de que los Waid se reunieran bajo el mando de Lord Alhum y conformaron lo que llamaron la Junta Directiva. La misma Junta se impuso como objetivo prioritario enfocarse en la búsqueda de las colonias perdidas. Al encontrarlas podrían completar su tarea. La Junta, al igual que los Wendigo, era longeva, tenía el dinero, los contactos y a los humanos a su disposición. Sólo era cuestión de tiempo. Tiempo y paciencia. Uno lo tenían; la otro no. Pero también carecían de demasiadas opciones frente a sí. Era cuestión de supervivencia.

Con todo el avance tecnológico logrado por los humanos con su ayuda, escudriñaban cada centímetro del planeta desde el espacio exterior y desde observatorios ubicados estratégicamente en todas partes del mundo. En algún momento, en algún punto del planeta, alguien abriría una puerta y los Waid serían los dueños del mundo.

Jae Castimus estaba a punto de abrirla.


1 comentario

Un pensamiento en “WENDIGO 1: JAE. LA COLONIA DEL NORTE

  1. bueno castalia.. dejame decirte .. que me encanto…
    hasta el mas duro cae… ja ja ja
    y quien hubiera pensado que que blaise tuviera tanta personalidad y jae fuera tan protector jaja
    no veo la hora de leer a yagho… mmmmm
    me parece que pasara las de cain con kate!!!
    bien por ti….
    me gusto muchisimo la historia.. y tenias razon ….que me encantaria!!!!
    un besote y gracias nuevamente!!!!

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